domingo, 3 de julio de 2016

Digna



Quiérete de tal forma que no seas capaz de maldecir tu cuerpo.
Quiérete y reconoce que no eres menos.
Quiérete aun estando en un vientre.
Quiérete lo suficiente para que otros no decidan tu futuro.
Quiérete con el derecho que la naturaleza te otorga y no minimices tus oportunidades.
Quiérete tanto que un pueblo entero no sea quien te asesora.

Tras una cumbre de insaciables voces, tu alma ronda en búsqueda de aprobación y de consuelo, más no reparas en que fue Dios quien te dio esos derechos.
Fue el mundo quien decidió ser tu dueño y tu verdugo, pero tu realización no se limita a un útero.

Valórate, sé tú misma y sigue tus sueños,
Valórate, esfuérzate y no juzgues, que lo que para ti es un sueño, para otra son cadenas.
Valórate, actúa y apunta alto, pues con solo querer no basta.
Valórate sin pisar a nadie, busca la felicidad en los pequeños detalles.
Valórate, que la crítica es inminente hagas lo que hagas.
Valórate y nunca te conviertas en esclava de una moral que solo favorece a algunos.

No te castigues con una maternidad que no deseas, ni te limites a ser una víctima de una sociedad hipócrita.
No te castigues a ser una máquina sexual.
No te castigues con cualquiera, tienes derecho a escoger incluso si tienes más de 30.
No te castigues a cuatro paredes, si lo que quieres es volar.
No te castigues, abandonando tu independencia; no busques ser más ni menos.
No te castigues en otros cuerpos, en otras voces, en otros sueños.
  
Eres delicada, fuerte, y a la vez humana. Tu corazón no discrimina. Tus ansias locas por comerte al mundo son el motor de mis pulmones. Tienes derecho a perder la compostura.

Quiérete, valórate y no te castigues más; que al final, todo cambia, todo pasa y todo acaba, no por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de ser persona. No somos efímeros, somos tan humanos.  

sábado, 2 de abril de 2016

Tan tonto como atacarse a sí mismo

El ritmo de vida actual del  salvadoreño provoca que muchos síntomas de enfermedades comunes puedan tornarse graves y pasar desapercibidos. El estrés,  por ejemplo, se ha vuelto algo natural entre la población.  Sin embargo,  al no poner atención a lo que sucede en el cuerpo, sus repercusiones pueden ser mortales. El síndrome de Guillain-Barré (SGB) es una muestra palpable de dicha condición emocional. Una enfermedad que está paralizando vidas,  y en algunos casos puede resultar mortal.

Lourdes mide aproximadamente 1.60 metros de altura, es una mujer trigueña de cabello oscuro de  33 años. Está sentada sobre un sillón grande color café. Abraza a su hijo mayor, Tomás. El niño tiene dos años y medio. Esta mañana,  está parado junto a ella. Su hija menor, Florence de tres meses, descansa sobre una mecedora para bebés que se mueve de un lado a otro. Ella vuelve a ver constantemente para cerciorarse de que su bebita no ha despertado y también acompaña al pequeño Tomás de cabellos rubios, mientras ve sus caricaturas de las siete de la noche, pero el niño está inquieto, se mueve de un lado a otro como diciendo que se quiere bajar del sillón.

En cuestión de dos minutos, el niño se baja del sillón y se echa a correr frente al televisor. Lourdes aprovecha y se acomoda, gira la posición de su cuerpo y luego recuerda cuando tenía seis años y padeció SGB. Edad en la que vivo en carne propia los estragos del virus.  El virus silencioso. El que paraliza vidas, como la de ella.

Lo único que necesita el virus es estar en el momento inapropiado, con las defensas de una manera inapropiada. Las causas son multifactoriales. Debe tener todo a su favor para que en el lapso de tres semanas, máximo, se manifieste completamente. El virus se anida en el cuerpo de las personas y puede durar segundos, minutos, horas  para que se desarrolle de manera evidente como debilidad en los miembros inferiores.  A parte de ello, genera problemas respiratorios y si es muy severo puede terminar con intubación, es decir, con ventilación mecánica.

Lourdes recuerda que fue un día lunes. Lo tiene muy presente, como si hubiese sido ayer. Quizá porque era su primer día de clases de primer grado en el colegio. Antes de ese inicio de semana, había tenido gripe. Eso no la detuvo. Cuadernos nuevos, el olor al plástico de los forros de los libros, los lápices de color en su caja impecable, el uniforme planchado, el pañuelo con su inicial, todo. Lo recuerda con cada detalle. Su madre, Norma, la llevó al colegio a eso de las siete de la mañana. Lourdes está contenta, pero no se siente bien durante el trayecto que caminaron desde la casa.

Norma la deja ahí y regresa a casa. Pasaron dos horas y Norma recibe una llamada del colegio, en donde le notifican que Lourdes tiene mucha fiebre y no se puede sostener de pie, por lo que le piden que vaya a recogerla. Norma corre. Tiró el delantal que usaba para cocinar el almuerzo que la niña comería al regresar de su primer día de clase. Llega al colegio. Toca la puerta. Desesperada entra y ve el cuadro con sus propios ojos.  Su hija está  semi desmayada, ardiendo en fiebre. No era la misma que llevó de su mano horas antes.
***
Inicialmente, Norma no sospecha que pueda ser otra cosa más que gripe. Apenas unos días antes, la niña se había resfriado. Al pasar el tiempo y que la fiebre no cede, Ella decide ir al hospital para  que su hija pase consulta. Lourdes es atendida de emergencia e ingresada con los otros niños que estaban en el hospital ese día. Le realizan los exámenes de rutina: reflejos, sangre, orina etc. Posteriormente sacan líquido de la columna de la niña.
El doctor sospecha que pueda padecer Poliomielitis, que durante esa época estuvo presente en El Salvador. Obtienen resultados, pero no un diagnóstico completo, porque el SGB y Poliomielitis son muy parecidos, pero Lourdes no presentaba todos los síntomas relacionados a Polio. Lourdes es ingresada al hospital en febrero de 1988.

Pasan dos semanas y no saben con certeza qué padece la niña de tan solo seis años, quien ha sido atendida por 14 doctores hasta ese momento. Pasaron otras dos semanas y así como los síntomas se acumularon, también los doctores interesados en el caso, pues la cifra ascendió de 14 a 23 médicos. Nadie se explica lo sucedido. 

Los días siguen corriendo y se cumple un mes desde que Lourdes ingresó al hospital y finalmente llega el diagnóstico que confirma el padecimiento. Los médicos se reúnen con la familia. Determinan luego de varios exámenes que ella padece del Síndrome Guillain-Barré. Para ese entonces, Lourdes no podía caminar y debían trasladarla en silla de ruedas. Norma prácticamente se instala en el hospital, para poder atender mejor a su hija. Deja su vida normal. Se convierte en la enfermera principal de su hija.

 El diagnóstico tardío ha provocado que los pies de Lourdes ya no luzcan iguales. Sus dedos se han encogido y no puede sostenerse por sí misma, por lo que tienen que colocarle férulas en ambas piernas y muñecas de las manos, esos aparatos que se sienten como firmes yesos pero que se pueden quitar fácilmente.

Las férulas se convirtieron en el día a día de la niña  a lo largo de un año. No pudo regresar al colegio a hacer su primer grado y los dedos de sus pies nunca más volvieron a acomodarse y los medicamentos se tornaron insuficientes para revertir los efectos del SGB.  Los daños eran irreversibles.

El 80% de casos en El Salvador tiene cura total, pero el 4% de las personas fallecen. Estas personas que logran recuperarse con ayuda de medicamentos como el Interferón cuando los ve un médico general, pero solamente lo hace de forma inicial, cuando ya está avanzado, lo hace un neurólogo. Los que se recuperan viven con el virus, pero no se manifiesta, dependiendo de los hábitos que estas personas tengan como: fumar, consumir bebidas alcohólicas, no comer de forma saludable y desvelarse constantemente. 

En base a diferentes estudios, no es usual que la enfermedad se dé en niños. En El Salvador es totalmente distinto. Según algunos informes de la OMS publicados en el 2008, mencionan que uno entre 100 mil habitantes puede padecer SGB, pero no es una cifra certificada.

Hay muchos datos desestimados y casos de personas que ni siquiera consultaron a un médico y simplemente murieron con el tiempo. No existen mayores registros del comportamiento que ha tenido el virus en el país. El Ministerio de Salud conoce el nombre y los efectos de dicho padecimiento, pero no lo tiene tipificado como un riesgo latente que puede ir en aumento en el país.

Según el doctor Darío Ayala, quien ejerce como médico general, comenta que hay muy poca información que esté disponible y para los que sí lo está, no dan pauta para que otros se informen acerca de la incidencia de SGB en El Salvador, ya que no hay datos en específico de los casos que se registran, si es que los registran. Los hospitales no brindan este tipo de información y los datos que maneja el MINSAL se quedan cortos con los reales.

***
Lourdes sigue sentada en el sillón de la sala de su casa, junta las piernas y se levanta. Cruza los brazos, comenta en voz reflexiva que tiene algo que mostrar. Da dos pasos y se detiene a pedirle a su madre, quien vive con ella, que ponga cuidado en sus dos pequeños; en lo que ella sube un momento a su cuarto. Sigue avanzando hasta que termina de subir los 24 escalones, que a su vez lindan a su derecha, con las puertas del cuarto principal de la casa. Tienen picaportes dorados y un estilo francés.

 Ella abre y a menos de dos metros, cruza a la derecha en donde hay una puerta con las mismas características de las anteriores. De igual forma, abre la puerta, pero ahora enciende la luz y a simple vista está una zapatera repleta de todo tipo de zapatos. Al introducirse en lo que parece ser un ropero amplio, se percibe el “olor a nuevo”, pero cuanto más adentro se está de él, más penetrante se vuelve. Hasta se siente como si fuera un museo de zapatos. Encima de aquella zapatera hay aproximadamente 35 pares. Tenis, suecos, sandalias bajas y otros que aparentan ser cómodos, pero que no todos tienen signos de haber sido usados.

Es fácil percibirlo, porque hay polvo sobre unos y sobre otros no. Mientras va avanzando la mirada hasta el fondo de la zapatera de varillas negras y amplias, como si fueran forradas de charol; hay zapatos de otro tipo. Los colores varían y los estilos de igual modo; hay para fiestas o para salir una tarde a caminar con los niños, pero todos los de la segunda repisa en adelante, tienen algo en común, son zapatos de tacón alto.

 Lourdes es amante de los zapatos, pero con tono melancólico asiente que algunos de esos pares de zapatos solo son de “poner y quitar”. Las secuelas del SGB en sus pies no le permiten usar cualquier tipo de zapato, pues es incómodo para ella, dada la deformidad que varios de sus dedos sufrieron cuando aquel largo febrero pasó y la enfermedad se apoderó de movilidad.

Es mujer y ama los zapatos, por eso compra; aunque no pueda usarlos todo el día, comenta mientras empieza a colocar uno a uno en un muro de aproximadamente metro y medio, como en una especie de exhibición, de los que usa “solo para el ratito” y vuelven a su lugar.  La secuela que la marcó más fue esa. Una cicatriz invisible, que le marcó a vida.

Actualmente el Síndrome de Guillain Barre es considerado como la Polirradiculopatía adquirida más frecuente en la infancia, pero su pronóstico es aparentemente más favorable que cuando el síndrome se presenta en edad adulta. Esta es una enfermedad que puede llegar a ser una condición médica de alto sentido devastador para la persona que lo padece, debido a su inesperada y rápida aparición, y esto puede variar, dependiendo de la inmediatez con que se trate.

El SGB tiene buen pronóstico en niños, con una recuperación total en el 85% de los casos. La rehabilitación es fundamental para lograr una recuperación más rápida. El SGB afecta a pacientes de todas las edades, pero es poco frecuente en los niños. Se conoce que la edad en la que comúnmente se padece el SGB es entre los 30 y 50 años de edad, sin embargo, todos están propensos a padecerlo.

***
Lourdes y Melissa Beatriz Bazán de 20 años, son primas hermanas. Tienen gustos particulares por la moda, a una le gustan los zapatos, a la otra le gusta ir a fiestas todos los fines de semana. Una es madre y la otra es una estudiante de Ciencias Jurídicas. Ambas tienen en común que padecen SGB. Melissa contrajo el virus entre los ocho y nueve años, 15 después que su prima. El panorama pinta distinto para ambas, cuando una sufre un diagnóstico tardío y la otra vive como si nada hubiese sucedido.

Lo curioso de este caso es que no es común que el SGB se presente en niños, mujeres y miembros de la misma familia. Melissa y Lourdes tienen esas mismas tres coincidencias.
Están sentadas en el comedor de su casa, Una de ellas, se maquilla viéndose en un espejo redondo. Es viernes por la noche y se dispone a salir. Recuerda que un día tenía debilidad en las piernas y que le costaba realizar movimientos rápidos como correr. Notó en su casa cuando le costaba subir las gradas, es ahí donde su mamá empezó a platicar con ella y le dice que notó algo raro, que no estaba bien. Cuenta que ese mismo día se cayó 7 veces en el colegio al intentar subir las gradas que llevaban a su aula.

Melissa llegó caminando a su casa, pero sus padres Nelson y Patty tomaron la decisión de llevarla al hospital de inmediato. No recuerda haberse enfermado, sin embargo, recuerda que le realizaron exámenes de reflejos, sangre y otros estudios. Su mamá sospechaba que era SGB, coincidiendo con el médico que la atiende.

Melissa pasa ingresada en el hospital aproximadamente dos semanas y en el área de Cuidados Intensivos, en donde le aplican medicamentos que le ayudan a disminuir los síntomas. Sin embargo no se podía levantar. Cuando lo pudo hacer, tuvo que asistir a fisioterapia para aprender a equilibrarse. Fue un proceso en el que inició inclinándose hacia adelante y luego hacia atrás, para poder recobrar el equilibrio, comenta.

Las terapias le ayudaron a recuperar la fuerza en sus extremidades, dice Patty. Todo el proceso duró un mes, más o menos. Le detectaron la enfermedad pronto y no se llegó a desarrollar completamente, pues sus padres conocían la enfermedad por lo que 15 años antes sucedió con su sobrina Lourdes.
***
A Melissa le preguntan por la enfermedad, y ella asiente con propiedad que no le afecta, porque no le impide realizar ninguna actividad como ir al gimnasio o realizar deporte. Usa los zapatos que ella quiere, la ropa que le gusta y va a casi cualquier lugar sin ningún problema.

Logró superar aspectos psicológicos que pudieron haber afectado su autoestima, pero el apoyo de sus padres fue clave en el proceso, por lo que ahora solo quedan recuerdos vagos y no muy sólidos de lo que representó SGB en su vida. Sin embargo, en comparación con otros casos atendidos en El Salvador, Melissa tuvo la oportunidad y los recursos para poder tratar la enfermedad, al punto de casi ignorar que la tiene. Alega que no posee secuelas de la enfermedad y que podría asegurar que se curó.

Pero por otro lado, la delgadez de sus piernas y brazos dicen lo contrario. A simple vista se ve lo marcados y prominentes de los nudillos en los dedos de los pies, y esto no genera algún impedimento para Melissa, el poder usar tacones alto diez. Andar por horas con los zapatos puestos, mientras su prima no puede permitírselo a menudo. Hablando de lo bien que quedó Melissa, Patty habla de lo bien que quedó su hija y la abraza, como recordando que en algún momento pensó que podría quedarse sin su hija.

Sin embargo, hay secuelas en el cuerpo de las personas que padecen SGB y que para ellos son normales. Es común que haya flacidez aun cuando ya la persona esté recuperada, que le cueste subir de peso y que su autoestima se vea afectada.
Casos en niños son aislados y no es frecuente en mujeres, peor aún en familiares. No es para nada usual y no está documentado ningún caso igual. Hay que historiar bien para saber qué factores en común tienen. Podría haber información vital que podría contribuir, pues no es común que se presente en mujeres, en niños y menos siendo miembros de la misma familia, según el Tratado de Medicina General de McGraw y Hill.

Para fines prácticos no se debe desvincular que SGB pueda volverse un factor hereditario, aunque no ha sido comprobado. No se debe descartar o bloquear automáticamente que otra persona en el mismo clan familiar pueda padecer del síndrome, a pesar de que no hay un dato concreto bibliográfico que respalde esta posibilidad, pues se ha dado de forma más común de forma aparentemente viral.

 Está contraindicado, ejercicio fuerte, pesas, si hay flacidez motora puede lesionar un nervio o cortar un tendón. En el Caso de Lourdes, ella padece de tendinitis que puede ser una secuela llamada  trastorno de la deambulación. Melissa asegura que ya no tiene la enfermedad, pero no tiene conocimiento de algunas cosas, por ejemplo la vacuna de la influenza, que si decidiera inyectarse, podría resultar fatal.
El detalle está en que hay desinformación y pocos saben el riesgo que su cotidianeidad puede traer consigo. Todos estamos expuestos a tener SGB, sin importar la edad que tengamos. Todos tenemos el mismo riesgo, con algo tan “simple”, como un resfriado común. Es un enemigo silencioso al igual que otras enfermedades mortales, que atacan cuando menos se les espera. Enfermedad que puede acabar con la vida de alguien en cuestión de horas y que en El Salvador no se le presta la atención adecuada.

En general, la atención es deficiente y los padecimientos que trae consigo, pueden transformar la vida de las personas; afectando gravemente el autoestima de los pacientes, dado que viven con el SGB por el resto de sus vidas. No hay cura aún para este síndrome, hay medicamentos que pueden contrarrestar los efectos, más no eliminarlos por completo. 

sábado, 30 de mayo de 2015

Feliz cumpleaños, querido ausente.






Hace días que no escribía.
Hace tantos sueños que dejé de verte.
Hace tantos recuerdos en los que no estás presente.


Feliz cumpleaños. Ya habrían sido 26. A penas seis han pasado, y se siente como si el tiempo solo hubiese transcurrido en un abrir y cerrar de ojos. Querido, me es tan difícil plasmar estos pensamientos en letras, tantos sentimientos en un solo papel. Hubiese querido que estuvieras aquí para compartirlos y reírnos juntos de los problemas.
Cuando pienso en ti, no puedo evitar sonreír. Esa sonrisa que por un tiempo se transformó en tristeza, nostalgia, amargura. Sin embargo, hoy no vengo a llorar. Vengo a decirte que todo este tiempo has estado presente en mi vida, has vivido en mí, en mis triunfos, mis logros, mis ilusiones. Cada momento que ahora vivo, es gracias a ti, a lo que me enseñaste desde ese Julio.
Agradezco infinitamente a Dios por haberte conocido, porque no sé qué sería de mí, sin haber aprendido de ti. Ahora vivo pensando en que cada día es una oportunidad, aquella que no tuviste.
Lloré de tantas emociones, y te sufrí como nunca, pues jamás imaginé perder a alguien que quisiera tanto. Dicen que los amigos son los familiares que uno escoge. Pero tú fuiste más que eso. Me salvaste la vida. Te agradezco, porque desde tu partida, mi vida cambió. Fue dolorosa, pero aprendí que hay que salir adelante, y aunque es la primera vez en seis años, que mis palabras fluyen; no quiere decir que aún no duela.
Gracias por todos los sueños en donde te apareciste. Gracias por felicitarme el día de mi cumpleaños. Gracias por despedirte. Gracias, porque te convertiste en mi motivación para luchar y ser una mujer fuerte, con propósitos. Muchos no cambiaron, querido, y siguen peor que antes. Pero para mí, es justo y necesario decirte que mi rumbo fue en un lugar distinto, y sé que has celebrado conmigo esa alegría.
Hago un recuento de los años y los momentos que han pasado, y me parece increíble cuánto tiempo es posible extrañar a alguien y que cada año que pasa es aún más intenso. Te prometo que cuando pensé en escribir todo esto, surgieron muchas más palabras y reflexiones en mi mente, pero quizá es necesario que unas de ellas se queden exclusivamente en nuestros corazones, porque pienso que todos esos momentos que disfrutamos como amigos, fueron únicos. Y ninguna carta podría reemplazar cada uno de ellos.
Solo ten en cuenta que, desde la distancia, desde esta casa, siempre habrá una parte de mi corazón que te recuerda; como amigo, como un ángel, como lo que tú quieras... Siempre estarás presente entre nosotros.
Perdón por las lágrimas, por los enojos, por la impotencia ante las circunstancias; pero querido ausente, tu vida valía demasiado... Y aunque deseé con lo más profundo de mi ser, que fueran otros los que partieran y no tú, no eran los planes de Dios. Esos planes que llevaron días, meses, años en hacerme comprender que yo no era quien decidía sobre lo que sucede o no.
Querido, qué triste es querer cuando ya no hay oportunidad. Qué triste es nunca haberte dicho cuánto te quería, cuando tuve las oportunidades. Querido, he aprendido tantas cosas de ti aunque en estos seis años hayas estado ausente...

viernes, 29 de octubre de 2010

Conquístame a segunda vista

Me encontré con la mirada totalmente perdida. Los chirridos de varias jarras rebalsando de cerveza fueron chocando de una en una y se convirtieron en la peculiar sinfónica que acompañó mi promiscuo deseo. De repente caí en cuenta que estuve alrededor de 10 minutos clavada en los ojos más azules y penetrantes que jamás conocí. Su boca me incitaba a querer comerla de trocito en trocito para disfrutarla mejor.  Su actitud le impedía a cualquiera siquiera pensar en acercársele. Todo ocurrió rápidamente en un abrir y cerrar de ojos en aquel bar de Berlín.
                Apenas con 16 años me atreví a probar la cerveza. Me parece sorprendente que siendo menor de edad en aquel país europeo no es ilegal beber alcohol, sin embargo, el tiempo no fue mi aliado nocturno. Eran las 11:47pm, el tiempo se agotaba. Me vería en problemas con la justicia si circulábamos por las calles luego de las 12:30am. Así que me dediqué rápidamente a llamar su atención. Sorprendentemente, jamás se acercó y apenas logré un par de miradas y algo similar a una sonrisa. El tiempo se agotó. Tuve que irme.
                Pasaron unos días. Nos encontramos nuevamente, cuando me disponía salir a pasear. La furia se apoderó de mi cuerpo y olvidé mis buenos modales. ¡Oye tú, sí, el que lleva puesta una camisa verde! Grité por detrás de él. Instantáneamente volteó sus bellos ojos hacia mí. ¿No te gusté? ¿Te parezco muy poca cosa? En seguida él notó que yo era extranjera, pues le hablé en inglés. Sonrió y se me acercó casi de inmediato.
                Mi nueva conquista se presentó. Mi nombre es Florian, dijo. Explicó que su cultura es peculiarmente diferente en comparación a la Americana. En Alemania es común que una mujer tome la iniciativa y que corteje a un chico. Es algo totalmente normal para todos nosotros. Somos tímidos, replicó.  Quedé sorprendida, atónita y avergonzada. ¡Qué ignorante soy!, pensé. Al hablar con florian me enteré de muchas cosas, aún más interesantes.
                Concluyo que si visitas un país, antes debes investigar  algo sobre él. Muchos cometemos ese error. Mi experiencia no fue del todo desagradable. Aprendí cosas nuevas, me causó muchísima gratificación y también tuve la dicha de conocer un poco más acerca de otro país. A pesar de todo lo que pasó, para mí fue un reto lograr encajar en una sociedad totalmente opuesta a la que conozco y me atrevería a hacerlo de nuevo.

Manual de cómo ser el candidato perfecto de los asaltantes en San Salvador

Lea cuidadosamente cada paso y sígalo al pie de la letra, de lo contrario, no garantizamos la efectividad del manual. Aclaramos que este manual está basado en casos reales de asalto.
Revise todas sus pertenencias de valor monetario, joyas, relojes, anillos y celulares.  Coloque en sus dedos, manos, cuello y bolsillos lo que logró reunir. En caso de que nunca lo hayan asaltado, le aseguramos que será una experiencia inolvidable y seguramente querrá repetirla.
            Luego, súbase a unidad de transporte colectivo de cualquier ruta, pues en todas es muy probable que se encuentre a un “amiguito de lo ajeno”, siéntese junto a la ventana, y ya. Si usted es mujer, tenga presente que  no solamente le asaltarán, con mucha “suerte”, probablemente le toquen alguna parte íntima de su cuerpo.  Porte el celular en la palma de su mano, durante todo el trayecto.  Mande mensajes de texto, así será más obvia la marca del aparato y pronto se lo pedirán.
            Si de plano nadie se le acerca, ponga carita de tonto, vuelva a ver para todos lados, y así será más fácil que vean todo cuanto carga con usted. Ponga a su lado  objetos llamativos como: Carteras, maletines, bolsones y estuches de laptop con ella adentro.  No disimule que está nervioso/a, eso lo hace ser el candidato perfecto para asaltar.
            Si lo prefiere, puede transitar por lugares conocidos como los más peligrosos de la ciudad (El Parque Cuscatlán, zonas aledañas a La Catedral Metropolitana, Metrocentro, El Salvador del Mundo, son algunos ejemplos).  Si le da pereza andar dando vueltas, solo visite a cualquier familiar o amigo que viva en Soyapango. Es importante tomar en cuenta que es una labor muy rigurosa y puede llevarle tiempo, dependiendo del empeño que ponga en darse a conocer.
            Finalmente si logró que lo asaltaran, ¡felicidades! Entonces Ud. ha llegado a formar parte del porcentaje de victimas por asalto en la capital. Siéntase orgulloso, no desespere, muy pronto tendrá otro encuentro con sus nuevos “amigos”, y descuide,  por lo general se sentirá triste o un poco preocupado cuando vea su sangre alrededor del lugar en que se encuentre. Cálmese de inmediato, pues no será el primero ni el último muerto en este país.

martes, 6 de julio de 2010

¡Un sueño!








Era viernes por la tarde y estaba cansadísima. El microbus escolar me recogió muy temprano y quería dormir toda la tarde. Se acercaba mi examen final de física y no había estudiado por pasar tantas horas en el messenger. Decidí empezar a estudiar, a pesar de que me daban ganas de dormir toda la tarde.

             Me estaba muriendo de sueño y sentía que me dominaba por completo. Cuando de repente ya era martes y estaba en mi salón de clase. El profesor Moreira nos estaba llamando por número de lista y decía la nota final de su materia en voz alta. Me sentía nerviosa, respiraba lento y cruzaba los dedos porque no había estudiado lo suficiente y en el examen me sentí perdida totalmente. Ya no había chance. Si dejaba ciencias me iban a quitar el internet y adiós a las saliditas nocturnas. Sin mencionar que dejaría el año.

            Se acercaba mi turno, el profesor ni había terminado de pronunciar mi primer apellido y ya estaba parada a medio metro frente a él. "Mmmm... tres" dijo. Yo sentía la cara caliente, no sé si era del enojo o de tanta vergüenza. me senté en el pupitre totalmente apenada. Lloré "heavy", porque no sabía cómo iba a decirle a mi mamá. Ya alcanzaba a oír los gritos de mi abnegada madre.

            En medio de mi llanto, allá a lo lejos oí a los pericos cantar. Abrí los ojos y vi la hora, eran las 6:15. Asustada y con la cara pálida me empecé a vestir. Don Gerardo, el del micro, pasaría en diez minutos, así que debía apurarme para que no me dejara. Sin bañarme y despeinada guardé mis libros, preparé mi leche y me senté a esperar. Se llegaron las 6:40 y el señor nunca pasó a recogerme, así que decidí irme en bus. Abrí la puerta y mi mamá iba llegando. Desconcertada y hasta cierto punto enojada, descubrí que aún era viernes. Me sentí apenada, tonta y loca. Las burlas de mi mamá se juntaron con enormes carcajadas y al final  me consolé al enterarme que todo fue producto de un mal sueño. Aún estaba a tiempo de estudiar.
           
Ahora me pregunto ¿qué habría sido de mí si mi mamá no hubiera llegado?, probablemente yo habría sido la única en ir por mi papeleta un viernes por la tarde y me toparía con que el colegio estaría cerrado. Reflexioné a fin de tanto y comprendí que para sacar buena nota debía esforzarme y dejar de pasar tantas horas en la compu. ¡Gracias a Dios que existen las pesadillas!, el trauma me ayudó a darme cuenta de mi error y a no dejar todo para última hora.

lunes, 28 de junio de 2010

Viviendo la muerte






Mi cansancio agotó cada oportunidad de cumplir mis funciones como Primera Dama. Me encontraba débil, desprotegida y un poco pensativa, traté de hallar una cura a mi ansiedad, sin embargo, mi gran enfermedad era la tristeza. Había hecho mil intentos por sanar el dolor de cada entraña de mi cuerpo, pero era en vano, todo era inútil mientras él viviese agotando cada latido de mi corazón con sus humillaciones.

Hace ya ocho meses que Lucía vivía acosándome con anónimos, haciendo incesantes llamadas telefónicas, reía al recordarme que Alessandro me era infiel. No sé en qué momento dejé de importarle. Él cavó un sepulcro en lo más íntimo de mi ser que con cada desprecio se hizo más profundo. Le perdí en absoluto el rastro al caballero que he amado desde hace diecisiete años, del que me enamoré y cuyo producto de ese amor afloró  Giovanno.

Apenas unos días después de cumplir dieciséis años, mi noble hijo se dirigió a mi habitación. Entró y se hincó llorando. En su mano izquierda llevaba un papel, le miré y sin necesidad de leerlo, supe lo que decía. Yo sabía que debía hacer algo para acabar el sufrimiento, pero fruncí el ceño, apreté mis labios y con la cara más blanca que las paredes de la habitación. Decidí levantarme de la cama, tapé mi cara con las manos y no dudé en consolar la incansable pena de mi querido Giovanno. Mis lágrimas fueron casi instantáneas; la lluvia parecía caer lenta en comparación de la velocidad de mi llanto.

—No desesperes hijo, confío en que la justicia divina existe.
            —Pero usted no puede dejar que ella continúe acosándole.
—Cállate, que aquí hasta las paredes oyen. Quité las manos de mi rostro y me eché a andar al baño.
—Pero… ¿Por qué?
— ¡Cállate y guarda ese papel donde nadie pueda verlo!

En ese instante se oyeron tres golpes en la puerta. Rápido le pedí a Giovanno que se pusiera en pie, pero él no dejaba de llorar; limpié sus lágrimas con el camisón que yo llevaba puesto y le puse en pié de un jalón de brazos.

— ¡No sigas llorando, por favor! — Insistí en voz baja y viéndole a los ojos.
¡El señor presidente ha llegado!  Se oyó al otro lado de  puerta. ¿Desea la primera dama que le ayude a vestirse para la cena?
Abrí la puerta y mi hijo se fue con la cabeza agachada, dejando un silencioso rastro de amargura. Julieta de inmediato le contaría a mi esposo y seguramente él pediría una explicación lógica ante lo ocurrido. — Pensé—. Cerré la puerta silenciosamente. Para qué cenar, si lo que quería era morirme de algún modo. Para mí no tenía sentido seguir esa farsa del matrimonio perfecto. Intenté suicidarme en innumerables ocasiones, pero siempre los médicos lograban hacer algo al respecto. Debilucha, con la cara pálida y los pómulos remarcados me desperté  y en la madrugada sentí la necesidad de beber un vaso con agua a plenas 3:37am,  mi sorpresa fue oír que desde lejos en el despacho de mi marido se alcanzaban a distinguir los gemidos lujuriosos de Lucía. Bajé uno por uno los escalones principales. Cada vez se oían más cerca y por la hendidura de la puerta vi cómo se devoraban el uno al otro. Subí corriendo  las escaleras y de la nada se desató una pestilencia insoportable, era mi espíritu pereciendo gradualmente. Me estaba desmoronando poco a poco, a cada paso que daba la vida se desmoronaba frente a mis ojos. En el piso yacían pocas las gotas de dignidad que me quedaban y el autoestima que hace meses se me escapó. Lentamente avancé hacía la habitación de Alessandro, en fondo del largo pasillo de la segunda planta. En realidad nunca dejé de amarlo, por lo tanto, me sentía en la necesidad de lograr méritos para que él volviese a mí,  pero el amor ya se iba transformando en un monstruo que no podía controlar. No era dueña de mis actos, tanto que ya no me sentía yo misma y me convertí en un fantasma lleno de odio y que en ocasiones era sínicamente allanado por la altanería. Me conducía a cometer actos sin conciencia ni lógica.

Esperé por horas sentada en la cama, estaba justo frente a la cabecera. Todo estaba oscuro y solitario. En cuanto él llegó, me le acerqué y sin cruzar palabra lo desvestí, sentía cómo su boca iba rozando poro a poro con pasión. El tabaco me huele bien solamente si viniese de su piel impregnada. Me hizo el amor toda la noche, hasta que sentí cómo el alma me volvía al cuerpo.

Mejoré increíblemente mi salud, Alessandro estaba más cerca de mí y por las noches cuando teníamos intimidad podía disfrutar plenamente cada clímax como un soplo hacia la libertad y me sentía fuerte, a veces en la cima del cielo y de ahí nadie me podía bajar, porque al parecer Lucía y mi marido no se veían desde hace un tiempo, creí que ella por fin había dejado en paz a mi marido e íbamos a dejar atrás ese percance. Aunque un par de meses después me enteré por una llamada de ella en la que gozaba plenamente al decir que buscó a Alessandro mientras él visitaba a un Senador en las afueras de Italia y habían vuelto tras un año y medio de haberse separado. Mi maldición volvió junto con ella hace un mes. Los episodios depresivos aumentaron y las dosis también, pero una extraña sensación fue la que me llevó a la preocupación. Una liviana presión se anidaba en mi vientre y la cabeza me giraba hasta causarme más vómitos de los que estaba acostumbrada. Realmente imaginé que esta vez si me moriría. Giovanno llamó inmediatamente al doctor Lorenzetti, que llegó casi de inmediato a revisarme, pero esta vez no me recetó los antidepresivos como de costumbre.

— ¡Felicidades, usted está en cinta mi Primera Dama! —Replicó en un tono de voz grave y a la vez rebalsaba de alegría.
—Pero, ¿cuánto tengo de embarazo, que no me he dado cuenta?
—Tiene alrededor de ocho semanas, probablemente no se dio cuenta por el efecto secundarios causados por la ingestión de antidepresivos, cosa que debo prohibirle señora, pues podría afectar la salud de su bambino. Así que solamente le recomiendo que consuma solamente lo que he dejado prescribo en la receta. Recuerde que no solo está en juego el bambino, también la suya. Por favor sea prudente y cuídese.
            Giovanno estaba junto a mi cama, ninguno de los dos podíamos creer lo que estaba  sucediendo. No sabíamos qué hacer. De seguro él querría posponer su ingreso a la Universidad de Genoa. Aparte que desde que Lucía se reintegró en nuestras vidas mi hijo temía por la vida del bambino que esperaba y también por la mía.
            Las semanas pasaron rápidamente y con ellas iban atadas las ideas de que mi marido cambiaría. Me sumergí paulatinamente en la intensa aberración. Aquella vida me tenía vacía de voluntad propia. Llegó el aniversario de la Toma de Posesión de Alessandro. Él no podía articular palabra por una agitación, que un poco de Amaretto solucionaba el problema, pero también noté que cada vez más decaía por dolor de cabeza permanente y unas náuseas repentinas. Lorenzetti hizo hincapié en que Alessandro dejase de fumar pipa para solucionar los dolores de cabeza y a la vez los mareos, pero mi marido siempre fue muy testarudo y yo supe al instante que no haría nada al respecto. El eco del vómito cayendo dentro del escusado se filtraba en las habitaciones al son del aire por las noches, cuando amanecía aumentaban las molestias. Pasé en vela siete días y junto a ellos un silencio agobiante en mis adentros, y entre dormida y despierta oí gritos. La servidumbre corría de un lado a otro con pisadas remarcadas con el eco del mármol. Salí de inmediato a ver qué sucedía y a piedi nudi caminé hacia lo sfondo del pasillo. Entré a la habitación de mi marido y él yacía muerto de un infarto frente al baño. Empecé a sentir pesado el cuerpo, todo empezó a dar vueltas como en cámara lenta, disminuía el ruido ahí dentro y mi vista se nubló. Lo último que recuerdo haber oído es a alguien pidiendo ayuda. No supe nada más, la escalofriante escena se clavó en mis párpados por siempre. No asistí al funeral, ya que Lorenzetti recomendó a Giovanno que me quedara en reposo y a la vez no sufriera más emociones perturbantes.
            
            Giovanno siempre estuvo conmigo en todo momento, cuidaba mi alimentación e incluso dormía conmigo para cerciorarse de mi estabilidad. Aunque la verdad, después de quedar viuda me sentía muerta en vida. Los latidos de mi corazón se silenciaron por la ausencia de mi gran amor y ya todo había perdido sentido. Para mí ya no existió un mañana ni la oportunidad de cambiar. Un día mi hijo se acercó  al cabezal de la cama y me tomó muy fuerte de la mano.
            
            — ¿Está usted bien mia madre?
            — ¿Para qué preguntas? ¿Acaso no es obvio cómo estoy?
—No quise molestarle Isabella, pero creo que esta residencia no es la propicia para que vivamos los años venideros.
— ¿A qué le temes? 
—Le temo a que usted siga sintiéndose sola e infeliz.
— ¿Infeliz? Desde que recuerdo soy infeliz, no tengo otra visión que no sea la de vivir dependiendo de nada en esta vida, Giovanno.
            
       La depresión cobró cada vez más fuerza en mi perturbado interior, la muerte de mi Alessandro fue la desaparición total de mi atadura a la vida. Tomé ese frasco de Fluoxetina y eché varias en mi boca. Quería pensar que se podía morir rápidamente y abandonar tanto dolor.
             Se vino un absoluto silencio a mi alrededor. Todo parecía estar quieto y relajado, incluso ya no sentí repugnancia de la vida que llevaba. Me encontré apaciguada. Cuando menos lo sentí oía a una persona lamentándose a lo lejos, conocí ligeramente la voz de mi abnegado hijo y que con nudos en la garganta clamaba al cielo por mi despertar. Debía hacerlo, pues él merecía tan siquiera una última caricia de mi parte. Tenía mi voz como cansada, pero aún así, decidí hablarle.
            —Pobre mio figlio… ¿Qué haces llorando?
            —Isabella mia madre, ¿qué se ha creído para irse así, sin despedirse de mí?
—Por eso he decidido despedirme de ti ragazzo mio, dudo que me quede suficiente tiempo para devolverte los años perdidos y que me perdones por todo lo que te he hecho sufrir, pero siempre recuerda que fuiste y serás siempre mi gran orgullo.
Presiento que de ésta no me recupero, ya veo la muerte cerca de mí. Tengo el cuerpo cansado y el alma vacía. Espero que comprendas que todo cuanto hice fue por verdadero amor.
—Precisamente no quiero que se muera sin saber lo que por amor a usted he vengado signora, pero las cosas se salieron de control y hoy la estoy perdiendo, Isabella.
Quise acabar con su angustia, los desvelos y la agobiante tarea que sostenía por recuperar al infiel de mio padre. Así que contacté a un buen amigo mío y desde hace dos meses empecé a envenenar a Alessandro con cianuro. Supe que Lorenzetti le prohibió fumar pipa, pero sin embargo, él siguió fumando y como tal su garganta surgió afectada. Por eso me empredí en la tarea de matarlo silenciosamente. Coloqué una pequeña dosis de cianuro de hidrógeno en el Amaretto, preferí que su muerte fuese lenta y dolorosa, así como usted ha venido sufriendo desde que Alessandro la engañó con Lucía, que no le dio vergüenza ser la amante de su primo hermano. No se preocupe mia madre, que también me he vengado de ella del mismo modo que con mio padre, solo que he alargado su sufrimiento y muy pronto cumpliré mi objetivo.
— ¿Isabella? ¿Me oye? Isabella no me haga esto. No se vaya sin que le diga cuánto ti amo ¡Llamen a un doctor, por favor!
—Ti amo mia madre… Descanse en paz, porque al fin logró su objetivo.