martes, 22 de junio de 2010

El Viaje









Querido viejito: fui al parque que está frente a aquella iglesia grande y blanca del centro de Ahuachapán. Entre el Almendro y don Fito, el de las minutas, estaba nuestra banca favorita. La banca color plata, la que de tanto llevar sol se está descascarando poquito a poquito.

           Recuerdo vagamente tus pláticas con don Paco, el de la tienda, al mismo tiempo que comprabas uno que otro churrito para entretenerme mientras te echabas el cigarrito de las tardes. Siempre me he preguntado cómo haces para que el humo no se quede en tu estómago. Me gustaría preguntarte a qué sabe esa cosa blanca y café de adentro, pero como ya sabes lo curiosa que soy, me has dicho que no estoy en edad de saber eso.

Me cansé de esperarte en el parque y decidí ir a tu casa. Tú sabes que me gusta jugar a saltar de adoquine en adoquine, me entretuve un rato en eso. Se me antojó una charamusca. Quiero una de fresa, pensé. En eso vi que tenían de arrayán.Sí viejito, iguales a las que tú me compras de premio por guardar tu secreto. No te preocupes, que aún está guardado tu secreto conmigo; nunca les diré a las señoras del parque tu verdadera edad.

Llegué a tu humilde casita y al entrar noté que todo estaba polvoriento, como si nadie viviera ahí. Vi que no habías terminado el crucigrama de hace tres semanas, ¿Acaso estás enfermo? Nunca me di cuenta de que dejaras a medias los juegos del periódico y mucho menos que lo tiraras en el piso, se llenó todo de chapulines reventados. ¿A qué has estado jugando y con quién?, ¿por qué no me invitaste? Ya hace días te estoy llamando, mis padres dicen que te fuiste de viaje a un lugar muy bello, pero ¿por qué hablas con ellos y conmigo no?, ¿a qué hora les llamas?, así me estaré pendiente, esperando.

No creas que no me fijé en tu desorden. Viejito, ¿Dónde quedó la pulcritud? Los platos están sucios en el fregadero y tu ropa en la cesta de la ropa sucia. Fui al patio y la yerba me llegaba a las rodillas, los zancudos abundan. Debes de hacer algo ya, antes de que te piquen y te enfermes, pues ya sabes que anda dando dengue y tu estás demasiado grande para tener esas enfermedades, te me puedes ir para el cielo y no quiero eso.

Me he cansado de esperarte, así que te dejo esta carta. Espero que me la respondas pronto. No aguanto una semana más sin verte, ya son tres semanas las que no te veo. La última vez que te vi me dijiste algo que me desconcertó y me ha tenido inquieta estos días. Deseo verte lo más pronto que puedas viejito. Cuídate mucho y por favor, no te olvides de mí. Me despido con mucho cariño, deseando que vuelvas pronto. Te amo, nunca lo olvides.

P.D. Te he dejado limpios los platos, lavé tu ropa e hice limpieza para que no te cueste. Espero que para la próxima visita todo esté igual de limpio. También te dejé unos frijolitos fritos para la cena adentro del congelador, ojalá te gusten como a mí. Te pido que no le digas a mamá y a papá que vine a verte porque cada vez que pido hacerlo, mi mamá se va a su cuarto como enojada. Si están enojados deberías de hablar con ella, tú sabes lo mucho que te ama mi mamá.




Atte, tu nieta favorita