martes, 6 de julio de 2010

¡Un sueño!








Era viernes por la tarde y estaba cansadísima. El microbus escolar me recogió muy temprano y quería dormir toda la tarde. Se acercaba mi examen final de física y no había estudiado por pasar tantas horas en el messenger. Decidí empezar a estudiar, a pesar de que me daban ganas de dormir toda la tarde.

             Me estaba muriendo de sueño y sentía que me dominaba por completo. Cuando de repente ya era martes y estaba en mi salón de clase. El profesor Moreira nos estaba llamando por número de lista y decía la nota final de su materia en voz alta. Me sentía nerviosa, respiraba lento y cruzaba los dedos porque no había estudiado lo suficiente y en el examen me sentí perdida totalmente. Ya no había chance. Si dejaba ciencias me iban a quitar el internet y adiós a las saliditas nocturnas. Sin mencionar que dejaría el año.

            Se acercaba mi turno, el profesor ni había terminado de pronunciar mi primer apellido y ya estaba parada a medio metro frente a él. "Mmmm... tres" dijo. Yo sentía la cara caliente, no sé si era del enojo o de tanta vergüenza. me senté en el pupitre totalmente apenada. Lloré "heavy", porque no sabía cómo iba a decirle a mi mamá. Ya alcanzaba a oír los gritos de mi abnegada madre.

            En medio de mi llanto, allá a lo lejos oí a los pericos cantar. Abrí los ojos y vi la hora, eran las 6:15. Asustada y con la cara pálida me empecé a vestir. Don Gerardo, el del micro, pasaría en diez minutos, así que debía apurarme para que no me dejara. Sin bañarme y despeinada guardé mis libros, preparé mi leche y me senté a esperar. Se llegaron las 6:40 y el señor nunca pasó a recogerme, así que decidí irme en bus. Abrí la puerta y mi mamá iba llegando. Desconcertada y hasta cierto punto enojada, descubrí que aún era viernes. Me sentí apenada, tonta y loca. Las burlas de mi mamá se juntaron con enormes carcajadas y al final  me consolé al enterarme que todo fue producto de un mal sueño. Aún estaba a tiempo de estudiar.
           
Ahora me pregunto ¿qué habría sido de mí si mi mamá no hubiera llegado?, probablemente yo habría sido la única en ir por mi papeleta un viernes por la tarde y me toparía con que el colegio estaría cerrado. Reflexioné a fin de tanto y comprendí que para sacar buena nota debía esforzarme y dejar de pasar tantas horas en la compu. ¡Gracias a Dios que existen las pesadillas!, el trauma me ayudó a darme cuenta de mi error y a no dejar todo para última hora.