
Hace días que no escribía.
Hace tantos sueños que dejé de verte.
Hace tantos recuerdos en los que no estás presente.
Feliz cumpleaños. Ya habrían sido 26. A penas seis han pasado, y se siente como si el tiempo solo hubiese transcurrido en un abrir y cerrar de ojos. Querido, me es tan difícil plasmar estos pensamientos en letras, tantos sentimientos en un solo papel. Hubiese querido que estuvieras aquí para compartirlos y reírnos juntos de los problemas.
Cuando pienso en ti, no puedo evitar sonreír. Esa sonrisa que por un tiempo se transformó en tristeza, nostalgia, amargura. Sin embargo, hoy no vengo a llorar. Vengo a decirte que todo este tiempo has estado presente en mi vida, has vivido en mí, en mis triunfos, mis logros, mis ilusiones. Cada momento que ahora vivo, es gracias a ti, a lo que me enseñaste desde ese Julio.
Agradezco infinitamente a Dios por haberte conocido, porque no sé qué sería de mí, sin haber aprendido de ti. Ahora vivo pensando en que cada día es una oportunidad, aquella que no tuviste.
Lloré de tantas emociones, y te sufrí como nunca, pues jamás imaginé perder a alguien que quisiera tanto. Dicen que los amigos son los familiares que uno escoge. Pero tú fuiste más que eso. Me salvaste la vida. Te agradezco, porque desde tu partida, mi vida cambió. Fue dolorosa, pero aprendí que hay que salir adelante, y aunque es la primera vez en seis años, que mis palabras fluyen; no quiere decir que aún no duela.
Gracias por todos los sueños en donde te apareciste. Gracias por felicitarme el día de mi cumpleaños. Gracias por despedirte. Gracias, porque te convertiste en mi motivación para luchar y ser una mujer fuerte, con propósitos. Muchos no cambiaron, querido, y siguen peor que antes. Pero para mí, es justo y necesario decirte que mi rumbo fue en un lugar distinto, y sé que has celebrado conmigo esa alegría.
Hago un recuento de los años y los momentos que han pasado, y me parece increíble cuánto tiempo es posible extrañar a alguien y que cada año que pasa es aún más intenso. Te prometo que cuando pensé en escribir todo esto, surgieron muchas más palabras y reflexiones en mi mente, pero quizá es necesario que unas de ellas se queden exclusivamente en nuestros corazones, porque pienso que todos esos momentos que disfrutamos como amigos, fueron únicos. Y ninguna carta podría reemplazar cada uno de ellos.
Solo ten en cuenta que, desde la distancia, desde esta casa, siempre habrá una parte de mi corazón que te recuerda; como amigo, como un ángel, como lo que tú quieras... Siempre estarás presente entre nosotros.
Perdón por las lágrimas, por los enojos, por la impotencia ante las circunstancias; pero querido ausente, tu vida valía demasiado... Y aunque deseé con lo más profundo de mi ser, que fueran otros los que partieran y no tú, no eran los planes de Dios. Esos planes que llevaron días, meses, años en hacerme comprender que yo no era quien decidía sobre lo que sucede o no.
Querido, qué triste es querer cuando ya no hay oportunidad. Qué triste es nunca haberte dicho cuánto te quería, cuando tuve las oportunidades. Querido, he aprendido tantas cosas de ti aunque en estos seis años hayas estado ausente...